
Cuando un compositor se sitúa frente a una página pautada en blanco, desea, entre ilusionado y preocupado, que algo o alguien acuda en su ayuda. En la antigüedad las Musas cumplían bien ese papel inspirador, pero el músico actual, supeditado a otras circunstancias, casi las ha olvidado. Sin embargo, es posible que, al igual que ocurre con la repetición cíclica de los temas musicales en una sonata, en un futuro cercano vuelvan a ser llamadas y buscadas. |
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Llegados a este punto, creo apropiado señalar la encubierta vanidad que se desprende de nuestros libros sobre "Historia de la Música". En ellos suele decirse que desde hace dos siglos nos liberamos de la figura del "compositor por encargo", que ya el músico compone lo que quiere, libremente, sin condicionamientos. Pero, ¿es que acaso son "libres" los actuales compositores que firman contratos comprometiéndose a una determinada cantidad de canciones por año (muchas veces con temas prefijados), temas u obras con una duración muy limitada en la mayoría de los casos, giras y conciertos que ellos no eligen, y un largo etcétera? Tras lo expuesto, es inevitable hacer referencia al segundo protagonista de este artículo, los espectadores, que somos los que recibimos el mensaje de los compositores, o mejor dicho, de algunos de ellos, elegidos generalmente por razones extramusicales. Es cierto que es delicado tratar estos temas, pues ya se sabe que en cuestión de gustos cada uno tiene el suyo, pero ello no ha de evitar que exista en cada uno de nosotros una revisión sobre si lo que llamamos "nuestros" gustos verdaderamente lo son, o simplemente nos han sido implantados. De igual forma que si queremos alimentarnos físicamente no comemos cualquier producto, aunque esté magníficamente precintado y presentado, tampoco deberíamos aceptar "basura emocional", por mucho dinero que nos haya costado o por mucha calidad externa que recubra esta composición. Cada uno, por medio de una evaluación personal y consciente, alejada de los reclamos publicitarios, ha de vigilar cómo alimenta sus emociones y sentimientos, al igual que hacemos cuando hemos de alimentar nuestro cuerpo. En otras palabras, hay que tener presente que no todas las combinaciones de sonidos y tiempo que una productora discográfica nos presenta son saludables. Hagámonos ahora una terrible pregunta: ¿Cabe la posibilidad, si sumamos todo lo dicho, de que las directrices de la Música actual se encuentren en manos extrañas, es decir, en empresarios alejados de objetivos artísticos, pedagógicos y culturales, o en personas cuya mayor aspiración consiste en un despacho cada vez más grande y lujoso? Cuenta el mito que Lico, gobernador de Tebas en aquel momento, temió por su futuro al enterarse de la vuelta de Antíope, hija del antiguo administrador del reino y madre de los gemelos. Así tuvo la horrible idea de encerrarla en una oscura prisión, abandonando a los hijos a su suerte. Estos tuvieron la fortuna de ser encontrados por unos pastores y así salvaron la vida. Por voluntad de Zeus, las Musas se ocuparon de su educación. Zeto mostró afición por las artes manuales, la agricultura, la ganadería y la lucha, y Anfión, a quien Hermes le regaló la lira que él mismo había inventado, se dedicó a la Música. Tampoco se trata de poner limitaciones al compositor, más bien es una cuestión de salud estética, de no dejar que la Música retroceda casi hasta el salvajismo, como habría sucedido en Tebas de no haber vuelto Anfión. El ser humano tiene derecho a un Arte que se caracterice por su contenido trascendente y, que en lugar de volcarse hacia lo vulgar y cotidiano le ayude a remontarse hacia lo bello. Esa es la gran responsabilidad del artista y compositor. Quizá todo dependa de no dejar pasar las oportunidades que la vida nos ofrece, algo tan simple a veces como decir "no" ante una moda musical pasajera cualquiera que, a poco que lo pensemos, incluso nos parece repulsiva; o decir "sí" a una melodía simple, actual o centenaria, pero que nos emocione y haga vibrar lo mejor de nosotros, aunque no esté en la lista de discos más vendidos.
Carlos A. Farraces BIBLIOGRAFÍA:
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