Nueva Acrópolis Argentina

IGUALDAD

 

Desde un aspecto algo más político, cometemos el error de querer igualar a los hombres. Pero, ¿qué es igualdad? Nadie podría nombrar dos cosas absolutamente iguales. La igualdad es un mito. Todas las cosas se diferencian en algo. Pero los más pequeños, inventaron un mito para hacerse iguales a los grandes. Y empezaron a gritar: "Todos tenemos la misma altura"; pero con gritarlo no dejaron de ser pequeños. Y en un mundo en el que se rinde culto a los pequeños, y donde se decapitan los gigantes, donde se inclina a los hombres altos porque molestan, donde es vergüenza ser virtuoso, acostados en el suelo todos somos iguales. Pero pongámonos de pie. Entonces ya no valdrá el ancho del estómago. Lo que valdrá será la verticalidad y la altura de la cabeza. Esta es una propuesta, una propuesta muy vieja, por otra parte. Los hombres de todas partes están cansados de desconcierto, de violencia, de un culto a algo que no existe. Han reemplazado a Dios con palabras; han reemplazado a la virtud con el error; han reemplazado los valores espirituales profundos con la simple agresión; han reemplazado el poder estar frente a la vida, con protestas inútiles. ¿Y quiénes protestan? La protesta es propia de los esclavos; la acción es propia de los hombres libres. Los que tienen manos y corazón no necesitan protestar; hacen. Y lo fundamental es hacer Historia. Debemos entender que, como hombres, tenemos un pasado, y que debemos hacer penetrar hondamente las raíces de nuestra cultura en el pasado para afincarnos sólidamente, para sostenernos ante los vientos. Tal como un árbol, cuanto más profundas son sus raíces, más grueso podrá elevarse su tronco; y aun si viniese la noche, nuestros árboles estarían tan altos que podrían ver las estrellas. No solamente necesitamos ese sentido de verticalidad hacia arriba y hacia abajo, sino también, necesitamos tener fortaleza en nuestras convicciones. Hoy estas palabras pueden sonar extrañas: han convencido a la humanidad de que es una mancha de aceite; de que la única forma de crecer es hacia los lados, pero jamás en profundidad... Nosotros decimos que el hombre no es una mancha de aceite; afirmamos que el hombre es una llama de fuego y que ha nacido para elevarse, para llegar arriba y dar luz; para perderse en el espacio infinito, no sin antes haber alumbrado la tierra y haber quemado la madera que le sostiene. El hombre debe tener fuerza interior, debe tener sentido de juventud. Por eso decimos en Nueva Acrópolis que la juventud no es un problema de cabello blanco o negro. La juventud está en el corazón y nosotros tenemos un corazón joven, y tenemos el valor de decir lo que sentimos y de hacer lo que la necesidad histórica nos impone. Somos jóvenes, y ese grito de juventud correrá de hombre a hombre. ¿Que son muchos los materialistas, muchos los fariseos, muchos los descreídos? Sin embargo, cuando se acerca una cerilla a un montón de madera, porque el montón sea grande, ¿arde menos o arde más fuego? Basta con que arda uno para que ardan todos. Basta con despertar en pequeños grupos la ansiedad mística, la seguridad en sí mismo, para que todo ese montón de madera que nos rodea empiece a arder, a dar luz, a dar fuego. El número no está a favor del materialismo; el número está en su contra. A más madera, más fuego, más incendio. Por eso, que nadie se sienta solo, que nadie se sienta pobre, porque nadie es pobre ni está solo llevando consigo a Dios.

Filosofía Comparada de Oriente y Occidente
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