¿Iguales o diferentes?
La igualdad está en nuestros espíritus, en la meta hacia la que nos encaminamos, en las enseñanzas que compartimos, en los espacios en los que trabajamos. Y tantas cosas más, similares a estas citadas. Confiamos en que estas igualdades esenciales favorezcan la sana convivencia y puedan limar las asperezas que surgen de las naturales diferencias, que no se pueden obviar ni ocultar.
¿Es que somos desiguales en algo? Sí, en muchas cosas, sin que esto deba interpretarse como una ofensa. Somos desiguales en sexos, en edades, en educación recibida, en factores personales de desarrollo, en gustos, en la forma de expresarnos, en ritmos de trabajo... y docenas de puntos más en los que no podemos establecer similitudes por el sólo hecho de imponerlas. Sabemos que estas diferencias no afectan al espíritu esencial, pero sí lo hacen con la personalidad, y por desgracia solemos trabajar diariamente mucho más con la personalidad que con el espíritu, es decir, con las diferencias y no con las igualdades.
...Hay que entender que, fuera de los valores esenciales, los humanos somos diferentes y esas diferencias merecen una atención, una comprensión, para poder llegar por fin a un respeto.