LA FILOSOFIA
La buscamos allá en el fondo, en las raíces del tiempo. El tiempo es como la tierra: hay que cavar en ella. Cuando se cava en la tierra sólo superficialmente, se obtiene polvo deleznable; pero si cavamos profundamente llegamos a encontrar rocas sólidas. Cavando en la Historia podemos llegar a encontrar las rocas sólidas de la filosofía. Sobre esas rocas queremos asentar nuestros principios. No nos conformamos con los mil y un comentadores que hay de todos los grandes que han enseñado algo; queremos ir a las fuentes y comprender que hay cosas que sirven para hoy, para mañana y para siempre. Queremos llegar en la Filosofía a esas cosas que sirven para siempre, y esa actitud filosófica es "Amor al Conocimiento". Decimos primero Amor y luego Conocimiento, pues sin Amor no hay Conocimiento posible, sin Amor no hay posibilidad de emplear de manera recta el Conocimiento.
Pero Amor no es un estado de ánimo laxo o flojo, que nos hace permeables a todas las cosas. Amor no es una actitud contemplativa de derrota, sino una fuerza tremenda que une las cosas y las mantiene. Así como una ínfima piedra levantada del suelo, al soltarla nuestra mano se vuelve hacia su madre tierra que la atrae inexorablemente, así nosotros queremos tener esa voluntad de amor que la piedra tiene hacia la tierra madre. El amor de la piedra es incansable, porque no es un amor del instinto que se satisface, sino que escapa al tiempo, que dura más allá de los años y de los siglos, un amor que se ríe en el rostro de los milenios.