Nueva Acrópolis Argentina

La voz de la conciencia

El filósofo requiere también la aprobación de su conciencia. Pero cuidado, discípulo, no llames conciencia a tus simples apetitos, a tus dudas sin respuesta, a tus debilidades, a tu sinrazón. Para que la conciencia pueda hablarnos y señalarnos lo que es conveniente o no, antes debe despertar como tal conciencia. Antes debe haberse uno cultivado en el desarrollo de la fortaleza moral, del discernimiento, la catarsis de los sentimientos. Hay que haber actuado y haberse equivocado sin miedo a reconocer los errores, sin miedo a rectificar lo que no es válido. Hay que haber pasado por muchas pruebas para reconocer esa voz interior como algo íntimo, estable, consustanciado con el Yo Superior, voz que no se altera con el clima de las pasiones ni de las modalidades cambiantes.

Filosofía Comparada de Oriente y Occidente