LAS CUATRO CARAS DE LA PIRAMIDE
Una vieja enseñanza egipcia utilizaba la pirámide como modelo para llegar a la cúspide de la evolución. Si la pirámide se observa desde su base, ofrece cuatro caras evidentemente distintas que parten hacia arriba; son como caminos diversos que aparentemente llevan a fines diversos también. Sin embargo, si iniciásemos el ascenso por alguna de sus caras, veríamos con gran sorpresa que disminuye la separación entre vertiente y vertiente, y que, contrariamente a lo que parecía desde abajo, todas las caras desembocan en un mismo vértice superior. De este modo, los sabios egipcios mostraban las posibilidades humanas de llegar a la misma Verdad Esencial a través de distintas vías, según las naturalezas humanas. Se mencionaban cuatro vías fundamentales, en las cuales cabían todas las actividades posibles para el hombre: la Religión, la Ciencia, el Arte y el Poder.
La vía de la Religión ha de ser una forma efectiva de unión del hombre consigo mismo, con los demás hombres y con Dios. Se realiza a través de la Mística, el acto espiritual que pone en contacto con los Misterios o, como lo define nuestro Fundador Jorge Angel Livraga, todo acto hecho con buena voluntad y eficacia.
La vía de la Ciencia ha de eliminar en principio todos los tabúes típicos de las modas temporales, y no ha de negar rotundamente aquello que no sabe o no ha podido comprobar. Antes bien, ha de experimentar con un espíritu abierto, siguiendo con ello un camino de acercamiento progresivo a la Verdad. La Ciencia no crea lo que descubre, sino que descubre una vez más las eternas Leyes de la Naturaleza. No ha de destruir, sino al contrario, buscar los medios para favorecer la construcción de un mundo mejor.
La vía del Arte se ha de fundamentar no sólo en las emociones burdas y ni siquiera en los sentimientos, sino que ha de desarrollar la intuición de los Arquetipos, de las Ideas Primeras que, en su perfección, incluyen por lógica la Belleza. El Arte se ha de caracterizar por su contenido trascendente que en lugar de volcar al hombre hacia lo vulgar y cotidiano, le ayude a remontarse hacia lo Bello en sí.
La vía del Poder o la Política es la ciencia y el arte de plasmar una Civilización. Y entendemos por Civilización, un molde - en la tierra - de convivencia humana que sirva como apoyo a la Ley de Evolución. Así, es imposible concebir una Civilización que no lleve a la Evolución. Se trata de formar al individuo de tal manera que ya no se satisfaga con la simple vida de intercambio de la sociedad, sino que aspire a un Estado orgánico donde todas las potencialidades pueden ser armónicamente desarrolladas. Se trata de pasar de la débil conciencia del sueño a la claridad de visión de la vigilia; se trata de transitar desde las formas anárquicas e indefinidas hasta el Orden Universal.
Nuestro mundo conoce bien poco de estas cuatro vías del modelo piramidal, aunque maneja sin embargo los conceptos correspondientes a cada una de ellas. Pero el manejo de estos conceptos es tan deficiente como para llegar a lo traumático; hay quienes prefieren "ni oír hablar" de ciencia, religión, política o arte, con tal de no reconocer que hay mucho dolor al respecto, pero poco conocimiento. Todo esto es producto del punto de vista rasante en que nos encontramos en relación a la pirámide; todas las discusiones se producen a nivel de la base. A medida que se asciende en la evolución, cambia la perspectiva, tanto de lo que está abajo como de lo que está arriba. Y ya desde la cúspide de la pirámide, se ve con claridad todo el camino recorrido y el sentido de cada uno de los pasos dados. Arriba se domina el panorama; arriba llegan los que han logrado la Sabiduría, los que superaron varios escalones en la marcha evolutiva.