Para que la acción nos libere
En lugar de buscar la liberación en la acción, se busca la liberación de la acción, y como ello es imposible, entonces sí se convierte un sacrificio en el mal sentido de la palabra. Al contrario, si hacemos de nuestro trabajo un "sacro- oficio", un quehacer sagrado, una ofrenda constante a Dios y a nuestra propia condición humana, el trabajo es un principio de liberación.
El mejor trabajo es el que no aprovecha la energía y el esfuerzo de los demás, sino que pone en juego la propia energía y el propio esfuerzo. Entonces la acción se convierte en Servicio y el que trabaja, en Discípulo.