QUE ENTENDEMOS POR RELIGION
Más que los nombres de las religiones, nos importa el "re-ligare", es decir, la reunión y el acto místico, la verticalidad del hombre. El hombre es hombre cuando reconoce que tiene un espíritu, mejor dicho en cuanto el espíritu reconoce que tiene un cuerpo, porque tan materializados estamos que nos sentimos espirituales al decir "yo tengo un alma". ¿Dónde ponemos la conciencia al decir eso? En el cuerpo. Más bien tendríamos que decir "yo tengo un cuerpo", y entonces tendríamos la conciencia puesta en el alma.
Una verdadera mística no se hace solamente con oraciones, con poner una rodilla en tierra. Una verdadera mística es una especial actitud interior que hace crujir nuestra personalidad como el fuego hace crujir los leños. Como el fuego está escondido en los leños y surge de entre ellos, así la verdadera mística surge a través de nosotros, elevándonos, encumbrándonos, mejorándonos, ennobleciéndonos. Porque si todas estas cosas no se dan, entonces no hay religión.
Necesitamos reafirmar en el hombre los principios religiosos. Precisamente lo que diferencia al hombre del animal no es el que piense, no es ni siquiera que tenga características de bondad, porque a veces son más buenos los perros que los hombres. Lo que diferencia al hombre del animal es la intuición del Enigma que llamamos Dios. El hombre más primitivo, más cavernario, pone una piedra sobre otra y siente que hay un misterio cósmico que él está representando así. Y esto no lo hace ningún animal.
Más que luchar por las etiquetas o por las apariencias, hay que luchar por el renacimiento interior del hombre. Un hombre sin mística no vive, un hombre sin mística se seca. La mística es la fuerza de todas las cosas.